Curiosidades

El secreto de por qué comemos palomitas en el cine


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A pesar de lo que pudiéramos pensar, el origen de por qué se instauró en la sociedad la a afición a comer palomitas viendo películas, viene de una época triste, de depresión y de guerra.

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“Palomitas y películas: unión indisoluble”

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La situación económica de 1929 (crack del 29), bautizada como “La Gran Depresión”, es el escenario en el que surge esta iniciativa.

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Las salas de cine y los teatros estaban al borde de la quiebra. La falta de recursos económicos de la práctica totalidad de la sociedad había mermado tanto sus ingresos que muchas se enfrentaban a un cierre inminente.

La gran depresión provocó que la industria del cine reflexionara sobre alguna fórmula para atraer público para no empezar a cerrar salas de cine. Ir al cine era casi la única actividad extra que se podía permitir el estadounidense medio en tales circunstancias, así que necesitaban atraer a la gente a las salas.

Pero las palomitas ya existían en la dieta americana. Habían sido introducidas a través de Chile y no era raro verlas consumir en multitud de sitios, excepto en teatros y cines, donde primaba la pulcritud y la asistencia de público de clase alta, y por tanto, se prohibía comer y beber en ambos establecimientos artísticos.

Como personas despiertas y con buena visión de negocio las hay en todas las épocas, surgieron pequeños emprendedores que acabaron comprando sus propias máquinas portátiles de hacer palomitas y comenzaron a venderlas en las puertas de los cines. Los dueños de las salas, viendo el negocio, acabaron llegando a un acuerdo con estos emprendedores para que las palomitas se vendieran dentro del recinto, lo que ayudó a subir sus beneficios y evitar la quiebra.

Algunas salas fueron reticentes a cambiar de parecer, y todas aquellas que no se sumaron al tren de las palomitas, acabaron cerrando.

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Entramos en la II Guerra Mundial. Comienza a haber escasez de azúcar y por tanto, los productos dulces, como los caramelos, que se consumían muchísimo, se convierten en un snack de lujo que hubo que sustituir por… sí, por palomitas.

Al finalizar la guerra, la costumbre de comer palomitas viendo películas en el cine, se había convertido en una unión inseparable.

En esta época, alrededor de 1945, más de la mitad de las palomitas de maíz que se consumían en EEUU se comían en las salas de cine.

Un hecho destacable dentro del mundo de la publicidad, fue un anunció rodado en 1950 que comenzó a proyectarse en los cines, y que se convirtió en una especie de himno palomitero estadounidense: “Let’s All Go to the Lobby”. Sin ir más lejos, el anuncio fue seleccionado en el año 2000 por la biblioteca del Congreso para su preservación en el registro nacional de cine de Estados Unidos debido a su valor histórico y cultural.

Pero todavía hubo otro suceso más que la encumbraría aún más.

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Con la llegada de la televisión a los hogares, la afluencia de público a las salas de cine disminuyó, y con ello, también la venta de palomitas. Pero como el negocio ya estaba ahí, gracias al microondas, los años 70 supusieron la vuelta al esplendor de este salado aperitivo.

Ingeniaron la manera de poder preparar palomitas en casa, con el microondas, y la costumbre volvió para quedarse.

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En la actualidad y a pesar de la subida de precios, las palomitas siguen acompañándonos, en casa y en el cine.

No es de extrañar que las salas de cine continúen abanderando la venta de palomitas, puesto que sin despeinarse, obtienen casi la mitad del total de sus ganancias anuales de las palomitas de maíz.

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