Leonardo Da Vinci (IV): La Mona Lisa y sus últimos años
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Con 47 años, sale de Milán junto a su joven aprendiz Salai, y se dirige a Venecia. Allí comienza a concentrarse en los pájaros. Su obsesión es ahora intentar que el hombre pueda volar y se dedica a analizar la forma de vuelo de las aves con gran minuciosidad.
Tras estas anotaciones lleva sus ideas a la práctica y diseña máquinas voladoras que imitan el vuelo de las aves pero de forma infructuosa.
Entre tanto, su fama como retratista es muy reconocida en toda Italia, así que sigue pintando a la nobleza como medio para ganarse la vida, pero este trabajo le resultaba tremendamente aburrido.
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Finalmente decide volver a Florencia en 1501 donde se topará con la estrella del momento: Miguel Ángel Buonarroti.
Entre ambos existió una rivalidad más que patente. Da Vinci tenía don de gentes y era una persona muy social, Miguel Angel, por el contrario, era un solitario y un amargado. Un día, se cruzaron más que palabras, y el resentimiento de Da Vinci contra Miguel Ángel se acrecentó, por lo que decide ir a Roma.
En 1502 comienza a trabajar para César Borgia (hijo del Papa Alejandro VI) como arquitecto militar e ingeniero. César Borgia era el general de los ejércitos del Papa y una persona muy ambiciosa.
La colaboración con éste acaba tras la ejecución de un amigo de Da Vinci (las matanzas de los Borgia eran su sello de identidad) por parte del hijo del Papa. Así, vuelve a Florencia, y retoma los retratos.
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Es en este momento donde comienza a pintar el cuadro más celebrado de la historia, el más imitado, el más reflexionado y el más intrigante: La Mona Lisa.
La Mona Lisa pudo ser Lisa Gioconda, la esposa de un mercader, pero no hay una seguridad certera en estos datos.
Lo que sí podemos decir es que para Da Vinci esta obra comenzó como un trabajo en constante transformación, en constante evolución, y que jamás fue entregado a la persona que le realizó el encargo, ya que para él, La Mona Lisa pasaría a formar parte de sí mismo. Tanto es así que permaneció con él hasta sus últimos días.
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En 1507 su ideal de dibujar el cuerpo humano de una forma perfecta al máximo detalle, le lleva a experimentar un nuevo campo de la ciencia, la anatomía forense, la disección de cuerpos humanos muertos. Da Vinci estaba convencido de que la mejor forma de dibujar un cuerpo humano perfecto era entender cómo funcionaba desde dentro hacia afuera.
Sin embargo, para la Iglesia no estaba muy bien visto esta práctica de Da Vinci y le pone fin de forma tajante y radical obligando a Da Vinci a abandonar Florencia. Decide volver a Milán.
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Desde 1516 y hasta el final de sus días trabaja para el rey Francisco I de Francia, aunque debido a su edad su estancia allí se convirtió más en lugar de reposo que de trabajo.
Al poco de llegar a Francia, Da Vinci sufre un ataque de apoplejía que le paraliza el brazo derecho y le deja la mano izquierda con pulso inestable.
El rey francés otorgó a Da Vinci la mansión y las tierras de Clos Lucé, cerca del castillo de Amboise, residencia del Rey. Los franceses adoraban a Da Vinci.
En abril de 1519 llama a un notario para hacer testamento, viendo que su muerte estaba cerca.
Finalmente murió el 2 de mayo de 1519 a la edad de 67 años, dicen, que en brazos del rey de Francia.
Tras su muerte, sus cuadros pasaron a manos de sus ayudantes y, con el paso del tiempo, acabaron en manos de coleccionistas y museos.
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“Una vida bien empleada procura una muerte feliz – Leonardo da Vinci”
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Este gran artista intelectual cuya búsqueda del conocimiento absoluto era el motor de su vida, y le convirtió en un incomprendido de su tiempo y a la vez en una de las mentes más maravillosas de la historia, lo han ubicado en un lugar muy particular y especial, donde por más tiempo que pase, no deja de maravillarnos su vida, su obra y sus revolucionarias ideas para tan temprana época de la historia.
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Leonardo Da Vinci I . Sus primeros años -
Leonardo Da Vinci II . Los Códices -
Leonardo Da Vinci III . Los Sforza y la guerra
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