Curiosidades

La mini ciudad de los juegos


Sabemos que el Estado de Nevada, en EE.UU., es donde está ubicada la celebérrima Las Vegas, allí donde pasa lo que se queda ahí, según el refrán popular. Es la ciudad del juego y las diversiones, que ha sido retratada de mil formas en gran cantidad de películas y series. Lo que pocos saben es que una pequeña localidad del mismo Estado, con menos de 2000 habitantes, tiene iguales merecimientos (al menos en cuanto al juego) y desde su nombre y origen. 

Un nombre muy bien puesto

Tal vez sea un Récord Guinness: Un pueblo de 1500 habitantes, con 5 hoteles–casinos, de categorías que van de 3 a 5 estrellas. Y se llama Jackpot, nada menos, como el premio mayor de las máquinas tragamonedas.

 

Es una localidad que está en el límite con el Estado de Idaho, del que la separan apenas 1,6 km y la ruta 93. Allí los juegos de azar son ilegales desde 1954. Ese mismo año, dos empresarios del juego (llamados Don French y Pete Piersanti) debieron mudar sus tragamonedas al Estado vecino, donde el juego no solo es bienvenido y mejor visto, sino que es el motor de la economía de la zona, que al ser un gigantesco desierto no presenta muchas opciones más. Y a Piersanti se le atribuye el mérito de haber bautizado al pueblo que acabaron fundando. 

Casinos en la frontera

Así como hay casinos subterráneos, casinos onlines, casinos flotantes, y aún verdaderos “casinos voladores”, instalados en lujosos aviones chárter, también existe este pueblo con sus casinos “más allá de la frontera” con su vecino. Desde el principio todos sus servicios y oferta de atracciones están pensados para que la gente de Idaho se solace con el juego, fuera de su Estado de residencia, pero muy cerca. A tal punto todo está hecho para Idaho, que Jackpot tiene la misma hora que ese Estado, pese a que Nevada (al que pertenece, recordemos) tiene una hora más. 

 

Algunos de los casinos de Jackpot, de precario origen por la urgencia de su mudanza en la década de los 50’ del siglo pasado, hoy tienen características “hollywoodenses” y poco para envidiarle a los de Las Vegas. El “Cactus Pete’s” (llamado así por haber sido fundado por el pionero Pete “Cactus” Piersanti) tiene 600 máquinas tragamonedas y mesas de otros 14 juegos, como Póker, Black Jack, ruletas y más. 

 

Gracias a ese resort-casino, Jackpot también es un gran centro de golf, con siete torneos al año y participantes de todo el país. Y tienen un enorme centro para turismo de convenciones y eventos, que al terminar las restricciones por la pandemia de Covid 19, vuelve a tomar impulso. En resumen, el pueblo de Jackpot es una buena muestra de cómo hacer florecer una zona desértica, con ingenio.

 


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