Robótica

Jibo, el primer robot familiar del mundo


La robotista Cynthia Breazeal ha anunciado un producto diseñado para cambiar los fundamentos de cómo interactuamos con la tecnología: el «primer robot familiar del mundo», llamado Jibo.

Se parece a una pantalla de lámpara estática pero animada (con una cara luminosa parecida a la de Hal). Jibo está hecho para llevar a cabo tareas relativamente sencillas como hacer vídeos, entregar mensajes y encender y apagar interruptores de la luz. El plan es permitir a desarrolladores externos crear aplicaciones de interfaz con Jibo. No hay nada particularmente especial en la funcionalidad prometida, pero si la interfaz funciona como se ha anunciado (ver el vídeo promocional) será extraordinario. No hay botones convencionales, barridos de mano u órdenes que aprender con Jibo, te limitarás a hablarle como si fuera una diminuta persona robótica.

Jibo promete permitirnos experimentar la tecnología de una forma mucho más natural, y hay motivos para creer que una interfaz de este tipo sería agradable y atractiva de usar (ver «Un amigo con inteligencia artificial mejor que la de ‘Ella'»). Hace falta una forma más natural de controlar los dispositivos domésticos según se van multiplicando los electrodomésticos inteligentes en nuestros hogares, ya que potencialmente simplificaría el follón de enfrentarnos a interfaces competidoras distintas.

Pero el impacto de Jibo dependerá por completo de cómo de bien se maneje con las complejidades de la comunicación humana y las sutilezas de la interacción social.

Ya hay empresas de tecnología que están explorando interfaces más «sociables», con productos como Siri, la ayudante personal activada por voz de Apple. Sin embargo, los progresos son lentos, lo que da una idea de la dificultad de diseñar una máquina que mantenga una conversación convincente con una persona al tiempo que respete los usos sociales. Así pues, si la interfaz de Jibo es demasiado limitada o no consigue responder correctamente a las pistas relacionadas con la interacción social, pronto será más raro y molesto que genial.

Aún así, si Jibo o algún dispositivo parecido funcionasen bien de verdad, serían prácticamente irresistibles. Ya hace varias décadas que el trabajo académico de Breazeal da una idea del poder que tienen las señales sociales en los robots. Su robot Kismet tenía ojos expresivos, orejas y labios, diseñados para despertar y responder a emociones en usuarios humanos, y Breazeal y su equipo descubrieron que este tipo de «máquinas sociables» pueden tener efectos sorprendentemente potentes en los humanos que interactuan con ellos.

Hoy Kismet se puede ver en el museo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (EEUU), y aunque está inmóvil detrás de una mampara de cristal, cuesta no sentir un poco de afecto cuando miras a esa carita curiosa y sonriente. Sin embargo, conseguir un efecto parecido al tiempo que sirve de ayudante doméstico útil, será una dura tarea para Jibo.

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Fuente: Technology Review

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