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El Rex de Jurassic Park a través de los ojos de la ciencia


Los dinosaurios renacieron en la década de los años 90 gracias al estreno de Jurassic Park. La saga cinematográfica provocó una verdadera eclosión de la paleontología como ciencia que estudia los animales del pasado. Asimismo, provocó que una nueva hornada de investigadores empezase a interesarse por este tipo de vertebrados extintos. Esta eclosión es solo una nueva muestra del potencial transformador del cine. Y, en el caso concreto del film de Steven Spielberg, su obra no solo ayudó a evolucionar este campo de la ciencia, sino que también innovó en la promoción del séptimo arte a través del merchandising.

Se puede afirmar que Jurassic Park cambió para siempre el cine. Independientemente de sus mejoras en materia digital, también generó una gran cantidad de contenido que se escapaba del plano puramente cinematográfico: Camisetas, pines, posters… una manera de popularizar las películas que también han sabido capitalizar sus secuelas. Una de las más recientes, Jurassic World, propuso fórmulas altamente imaginativas con mucho éxito. Propuestas basadas en la exhibición de vehículos Mercedes en su metraje, o la asociación con Betway para crear tragamonedas tematizadas con la iconografía de la ficción: Dinosaurios, huesos y esqueletos suponen ya un imaginario inequívoco en la cultura cinéfila actual.

Pero como suele suceder en el mundo del espectáculo, a veces algunas descripciones que se realizan en las películas quedan lejos de la esfera real. En el caso concreto de la saga jurásica, encontramos un caso paradigmático, ya que los dinosaurios que aparecen representados no disponen de una plena simetría con sus homólogos reales. 

Los productores se tomaron una serie de licencias artísticas para representar a los animales como bestias feroces, potenciando sus capacidades como predadores, y haciéndolos mucho más intimidantes de lo que realmente eran. Pero hay que afirmar que los conocimientos que se tenían con relación a los dinosaurios en los años 90 difieren mucho de los que se disponen en la actualidad. Año tras año aparecen nuevos fósiles que aumentan el registro material, y este hecho, junto con la evolución de las técnicas de estudio, ha provocado que la paleontología avance muchísimo en las tres últimas décadas. También hay que tener en cuenta que Spielberg se rodeó de verdaderos especialistas, e intentó otorgar en todo momento cierta verosimilitud a las criaturas del largometraje. Eso sí, basándose en los conocimientos de la época.

Hoy queremos desgranar las diferencias existentes entre el dinosaurio más famoso de la saga y el ser real. Hacemos referencia al Tiranosaurio Rex, uno de los carnívoros más imponentes que han pisado el planeta tierra. Cuando pensamos en su intimidante rostro, nos viene a la memoria de manera casi automática la representación del Rex de Jurassic Park. Una criatura espectacular que se enemistó profundamente -y de manera reiterada- con el Doctor Alan Grant. Muchos de los comportamientos representados en la obra distan mucho de la realidad, y seguidamente aportaremos luz a la oscuridad en este sentido.

El primer error que hay que tener en cuenta es su representación física. Se ha podido confirmar que muchos dinosaurios tenían plumas que cubrían su piel. Algunas suficientemente sofisticadas como las que tienen las aves actuales, y otras mucho menos complejas, configurando una serie de filamentos que podrían recordar a la piel de los elefantes. Pero plumas, al fin y al cabo. Se han podido localizar parientes directos del Rex que presentaban dicha característica (Yutyrannus), lo que invita a pensar que tal vez el dinosaurio también presentaba este elemento externo.

Otra de las licencias relativas a su comportamiento es la que otorga al Rex una visión basada en el movimiento: no puede ver a los protagonistas si se mantienen quietos. Esta característica es otra licencia de los creadores y el autor de la novela (Michael Crichton), y no existe ninguna referencia real que invite a plantear esta cuestión.

En una de las escenas más famosas de la obra se puede ver en el dinosaurio atacando de manera feroz al Ford Explorer de los protagonistas. Los nietos del afable John Hammond intentan sobrevivir al ataque de la majestuosa criatura. Esta voracidad y agresividad del animal podría no encajar del todo con su actitud real. Existe un debate muy longevo en la comunidad paleontológica que afirma que el T. Rex ostentaría un modelo de vida centrado en la rapiña y no en la caza activa. Si finalmente se demuestra que no era cazador, esta escena quedaría totalmente invalidada. Los dientes que presenta el animal son espectaculares, con unos 30 centímetros de longitud. También destaca su volumen, lo que invita a pensar que servían también para triturar grandes cantidades de alimento, desmenuzar los huesos y poder acceder a sus nutrientes. Un escenario que conectaría con el estilo de vida rapaz. Sin embargo, esta duda no se ha podido disipar del todo y aún sigue siendo tema de discusión entre la comunidad especializada.

Finalmente, hay que analizar otra secuencia mítica: cuando el Rex consigue perseguir con éxito un Jeep Wrangler que circula a toda velocidad. La escena del retrovisor con la bestia acercándose segundo tras segundo es ya historia del cine. Según estimaciones publicadas por la casa Jeep, su vehículo podía alcanzar unos 170 kilómetros por hora; cifra que se aleja enormemente de las estimaciones de velocidad otorgadas al Rex. Las más conservadoras hablan de 19 kilómetros por hora, y otras abren la horquilla hasta los 53 kilómetros por hora. Queda descartado, pues, que esta escena pudiera haberse producido con una representación científica del animal.

Como hemos visto, el cine suele tomarse muchas libertades creativas, pero la ciencia siempre nos puede ayudar a desmentir o reafirmar las acciones que se proyectan en pantalla. Lo que sí es cierto es que el Tiranosaurio Rex es uno de los animales más majestuosos que jamás hayan pisado el planeta tierra, y cada información nueva que aparece sobre los dinosaurios sigue borrando incógnitas sobre su imagen mitificada. Ya sea sobre su apariencia externa o sobre las causas de su extinción.

 

Por: Joan de Buen.


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