Curiosidades

Cómo Internet se convirtió en mi canal de consumo socialmente responsable


En los últimos años he logrado estabilizar mis ingresos, un fenómeno que me ha llevado a incrementar el consumo. Aunque parezca positivo, con el pasar del tiempo también noté que mis hábitos de consumo no solo comenzaban a volverse menos beneficiosos para mi salud, sino que además parecían tener un efecto directo en la descomposición de mi comunidad.

Mientras más me informé sobre el impacto del comercio en el mundo que me rodeaba, mayor fue mi interés por encontrar alternativas que me permitieran seguir teniendo un consumo cómodo y completo, pero sin que eso significara incrementar quitarle el apoyo a los productores y comerciantes locales, emitir más desechos contaminantes, o vaciar mi cuenta de ahorros.

Fue entonces que Internet comenzó a posicionarse en nuestro país como una herramienta de consumo efectiva que, aunque también generó toda una gama de daños ambientales, parecía mucho más pensada en los consumidores, las comunidades menos favorecidas y el medio ambiente. Esto es lo que aprendí:

Consumo Online y menor uso de recursos

Al migrar del consumo tradicional al Online, lo primero que noté fue una disminución en el uso de recursos: no sacaba mi vehículo con tanta regularidad, mi ropa de calle no se usaba con la misma frecuencia, y mi deseo de comprar tentempiés, bebidas y otros snacks disminuyó de forma significativa.

El ahorro fue claro, no gasté un solo euro en gasolina al momento de hacer mis compras, ni tuve que realizar mantenimiento de forma constante a mi vehículo, ya que la mayoría de mis compras llegaban directamente a mi puerta. Esto, claramente, genera un nuevo impacto de contaminación, pero con el pasar del tiempo se desarrollaron nuevas estrategias para disminuirlo.

Internet, precios de descuento, y pequeños productores

El segundo gran beneficio del uso de Internet para realizar mis compras fue que encontré mayores alternativas de consumo, lo que a su vez me permitió acceder a mejores precios y a facilitar la organización de mis salidas al súper. El mayor interés por parte de las grandes cadenas en este canal de ventas no hizo más que potenciar el surgimiento de campañas de descuento.

Mientras que una bandeja de salmón en rodajas, de pechugas de pollo o de carne fresca puede rondar los 5 euros, buscando opciones como las del catálogo de Lidl es posible encontrar estos mismos productos a un precio inferior a 2 euros. También es posible encontrar la hogaza de pan a menos de 1,5 euros, 6 huevos frescos a 0,79, e incluso salsa de tomate a 0,69 euros.

Se trata así de un ahorro cercano al 20% en cada compra, algo significativo para quienes manejan un presupuesto apretado. En situaciones como la actual, con la crisis del coronavirus y el fantasma de la recesión, el ahorro ya no es solo parte del día a día de los menos afortunados.

Pero no es algo que solo vemos en las grandes cadenas, sino que también ya estaría teniendo efecto en los pequeños productores, que logran incrementar su alcance de forma significativa con tan solo un par de perfiles en plataformas sociales. Es así como sustituí el consumo de algunos bienes (principalmente frutas y verduras) producidos en grandes campos, por los que siembran y transportan las pequeñas tiendas de mi localidad.

Aunque no siempre se encuentran los mejores precios, es posible acceder a productos de mayor calidad y tener un efecto directo en el crecimiento de mi comunidad.

El comercio electrónico sigue siendo una novedad para muchos, pero es indudable que está cambiando nuestra sociedad para mejor, creando una relación entre consumidores y vendedores mucho más sana y directa, y disminuyendo los gastos que realizamos de forma periódica.


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