Espacio

Avances en la tecnología espacial


Desde el lanzamiento del Sputnik en 1957, la tecnología espacial ha sufrido una vertiginosa y constante evolución, desde la propia evolución de los satélites y las aplicaciones desarrolladas para tratar sus datos, como software para la agricultura, hasta el avance en ciencias relacionadas con el espacio, como la Astrofísica o la Astronomía.

El espacio es la frontera hacia nuevos lugares y la exploración de este, a día de hoy, esta todavía en una fase muy temprana debido a su inmensidad, pese a los grandes avances logrados hasta la fecha. En los últimos años hemos visto el lanzamiento de micro cohetes, los primeros vuelos espaciales comerciales y hasta un aterrizaje en un cometa y no hay ninguna duda de que en los próximos veremos más y más novedades.

Desafíos en la alimentación y el medio ambiente

El espacio también sirve como lugar desde el cual tratar de mejorar la vida de las personas en la Tierra. El cambio climático es un problema de rabiosa actualidad y los satélites permiten obtener información objetiva sobre el estado del planeta que posteriormente puede ser procesada y ayudará a crear modelos predictivos sobre el comportamiento del clima. En esa misma línea, la monitorización constante de la Tierra permite estar al tanto de posibles eventos climatológicos extremos y poder reaccionar a ellos de forma anticipada.

La observación de la Tierra es un fenómeno que nos permite comprender cómo es el lugar en el que vivimos, monitorizando océanos, bosques, la atmósfera o las reservas mundiales de agua dulce. Otro de los desafíos a los que se enfrenta la humanidad en los próximos años es al reto de poder suministrar alimentos a una población que no deja de crecer y que se espera que para mediados de siglo esté cerca de 12.000 millones de personas. Los datos obtenidos mediante satélite proporcionan información precisa y valiosa sobre la gestión agrícola y de otras fuentes de alimentación, como es el caso de las piscifactorías. 

Precisamente en el caso de los agricultores, el desafío es doble: por un lado, deben aumentar la producción de su cosecha, pero, al mismo tiempo, deben dejar atrás técnicas y tratamientos obsoletos que implican un gran uso de químicos para adoptar sistemas como la agricultura de precisión, más conscientes y respetuosas con el medio ambiente. Un punto importante en esta protección del medio ambiente es la gestión del agua, pues el agua dulce es un bien escaso; la tecnología de teledetección puede indicar cuánta agua hay en una zona y delinear las masas de agua.

Asimismo, los datos recogidos mediante observación remota nos permiten conocer la salud de las plantas y en qué etapa de crecimiento se encuentran, así como datos sobre lo que les rodea (humedad en el aire, cantidad de nutrientes en el suelo, etc.). Combinando todos estos datos con tecnología GPS, que es capaz de conducir a la maquinaria automatizada por el campo, y otros sistemas de medición en el campo, la posibilidad de realizar la agricultura sostenible es una realidad.

Democratización de la tecnología espacial

La comercialización de datos espaciales es de gran interés para multitud de empresas y sectores, sin embargo, muy pocas empresas pueden permitirse lanzar su propio satélite. Además, al intentar utilizar dispositivos existentes en satélites ya en órbita, es común enfrentarse a ciertas limitaciones, como la resolución de las imágenes, que puede no ser lo suficientemente buena para el propósito concreto que se busca. Para solucionar este problema, los nanosatélites o cubesats tienen la capacidad de poder montar hardware específico y una gran facilidad para ser desplegados junto a otros nanosatélites formando una estructura mayor similar a un satélite.

No obstante, todos los satélites se enfrentan a problemas derivados de la física, como, por ejemplo, el obtener una buena estabilidad que no estropee las mediciones y/o las fotos. Las piezas de hardware producen pequeñas vibraciones que pueden afectar al movimiento; por desgracia, la solución a este problema es cara, especialmente en nanosatélites, lo cuál dificulta su uso pese a ser el nivel de entrada más asequible.

Grandes estructuras espaciales

Justo lo contrario respecto a los nanosatélites, las grandes estructuras espaciales poseen elementos como cámaras o telescopios que requieren de una gran cantidad de superficie sobre la que asentarse, convirtiéndose en objetos con un coste desorbitado. Actualmente, el objetivo para ellos es reducir lo máximo posible el peso de ellos, haciéndolos más ligeros, ya que además de dichos dispositivos, los satélites cuentan con otros elementos que no están necesariamente relacionados con la observación remota.

Además, uno de los principales propósitos para el siglo XXI es la capacidad de obtener energía solar generada por el propio satélite. Aligerar el peso total del satélite ayudará a que poner en órbita nuevos satélites para esta función tengan un coste menor, ya que sería difícil de comprender el intentar obtener energía renovable a costa de gastar una gran cantidad de combustible para mandar estas estructuras al espacio.

Existen más cuestiones que deben plantearse y reformularse en lo que se refiere a tecnología espacial, cuyas soluciones requieren tiempo y dedicación, pero que, sin duda, servirán de base para futuras aplicaciones y desarrollos.


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