Perfiles

Valentina Tereshkova, la primera mujer cosmonauta (II)


Hay que reconocer, siendo realistas, que más allá del valor científico del acontecimiento, que lo tiene sin lugar a dudas, el viaje de la primera mujer al espacio fue un acto de propaganda política del régimen comunista (que se encontraba en pleno enfrentamiento con EEUU), en una misión que tenía como objetivo «resaltar el poderío tecnológico de la Unión Soviética en plena carrera espacial con respecto a EEUU y a enaltecer el heroísmo de la mujer soviética», tal y como señalaron las autoridades en la fecha del lanzamiento. De hecho, la participación de mujeres en el programa espacial ruso siempre ha respondido a motivos políticos y a la intención de conseguir algún récord. Sin embargo, la pasión y devoción de Tereshkova por el espacio estarían por encima de todo esto.

LAS 5 CANDIDATAS AL ESPACIO

El proceso de selección fue de lo más peculiar. Los requisitos fundamentales para convertirse en mujer astronauta eran: mujeres jóvenes, menores de 30 años, con menos de 1.70 de estatura y menos de 70 kg de peso, «ideológicamente pura», no se requería experiencia como piloto (la nave Vostok era completamente automática y el astronauta podía ser considerado un mero pasajero), pero sí experiencia con paracaidas. De las 5 últimas clasificadas (Tatiana Kuznetsova, Irina Soloviova, Zhanna Yérkina, Valentina Ponomariova y nuestra protagonista), Tereshkova era la menos cualificada de las candidatas.

Las cinco completaron el curso de entrenamiento que incluía entre otras cosas saltos en paracaídas y pruebas de aislamiento. Desde el principio Tereskkova se encontraba entre las favoritas, pero también desde los inicios de los tests, destacaba su buena forma física como factor positivo y su dificultad para la teoría de cohetes o ingenería aeroespacial, aspecto que la dejaba por debajo de las demás candidatas que incluso eran expertas pilotos. Mientras continuaban con un entrenamiento con seguimiento especial por parte de la fuerza aérea soviética, Tereshkova se convertiría en miembro oficial del Partido Comunista de la Unión Soviética.

En noviembre de 1962 se eligen las dos candidatas finales: Ponomaryova y Tereshkova. Ahora solo quedaba elegir entre dos. ¿Qué cualidades destacarían para la selección final? Estaba claro. Ponomaryova no respondió con la «pureza del sentimiento comunista» que sí mostró Tereshkova (que afirmaba daría su vida por Komsomol y por el Partido Comunista). Por el contrario, Ponomaryova era más bien «políticamente incorrecta» para la época, ya que afirmaba sin tapujos que una mujer por fumar, por ejemplo, no dejaba de ser decente.

La decisión era sencilla. La astronauta menos avezada era sin embargo la más interesante de cara a hacer propaganda política. Tenía carisma, actitud, era una comunista declarada y una «buena chica»; los ideales a transmitir para la «nueva mujer soviética».

 

LLEGÓ EL GRAN DÍA

El 16 de junio de 1963 a las 9:29 UTC, el Vostok 6 despegó desde la base espacial de Baikonur con rumbo al espacio llevando consigo como tripulante a Valentina Tereshkova que a la edad de 26 años se convertiría en la primera mujer y el primer civil en viajar al espacio.

-Aquí Gaviota, aquí Gaviota. Veo en el horizonte una raya azul: es la Tierra. ¡Qué hermosa! Todo marcha espléndidamente.

Estas fueron las primeras palabras que se recibieron desde el Vostok VI. Su nombre en clave durante la misión fue Chaika, «gaviota» en castellano.

 

Otra de sus frases fue:

«Posiblemente ustedes no pueden imaginar lo hermoso que es. Cualquiera que vea la Tierra desde el espacio exterior, no puede dejar de ser asaltado por una sensación de reverencia y amor por este planeta que es nuestro hogar«.

 

PARTICULARIDADES DEL VIAJE ESPACIAL

El viaje de Tereshkova duró exactamente 70 horas y 50 minutos, tiempo suficiente para dar 48 vueltas alrededor de la Tierra (lo que significa que vio un nuevo amanecer cada hora y media). Pero lo que transmitiría a la Tierra no sería precisamente la realidad de cómo pasó esos días de viaje en el espacio. Según ha desvelado la propia Tereshkova, la estancia en el espacio fue casi un infierno.

Para empezar, la órbita de la nave era incorrecta y se encontraba desviada 90 grados de la dirección planeada. Tras advertirlo a la central y corregir la órbita del programa al segundo día, Tereshkova respiró algo más tranquila, ya que esto habría provocado seguramente un retraso en su vuelta a la Tierra (de hecho podría no haber vuelto) como menor acontecimiento. Por otra parte, la comida que le suministraron no fue del todo acertada; el pan estaba excesivamente seco, así que no pudo comerlo, con lo que a las 70 horas de su travesía por el espacio, estaba tan hambrienta como un perro vagabundo. A esto hay que añadirle que desde el primer día comenzó a sentir calambres por la falta de movimiento y un dolor agudo en uno de sus hombros causado por la presión del anillo del casco espacial.

Por si esto no fuera poco, una vez fue expulsada de la cápsula espacial, se dio cuenta que la trayectoria la había llevado a un enorme y profundo lago (en la zona de Karaganda, Kazakhstan) que tendría que atravesar nadando. Exhausta, hambrienta y deshidratada, tuvo que armarse de valor y fe para no desfallecer en medio del lago. Un golpe de viento la lanzó al suelo, golpeándose la nariz contra el casco y provocándole un fuerte hematoma que tuvieron que disimular con grandes capas de maquillaje para su posterior aparición pública para anunciar el exitoso regreso de la primera mujer en el espacio. Unos avatares que se desconocían por aquel entonces y que no han sido desvelados hasta ahora.


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