BREVES

¿Un mando a distancia para la casa?


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Si llevas puesta una Jawbone Up24, puede que te pregunten qué es. La pulsera parece una joya futurista alojada en un plástico gomoso con un patrón de ondas grabadas. Incluso en negro mate, el color menos llamativo de todos los disponibles, destaca.

Casi hace que te olvides de todo lo que esta pulsera de 150 dólares (unos 108 euros) lleva dentro: un acelerómetro, un motor vibrador, una radio Bluetooth de baja energía y una batería que dura una semana, y de que todo ello permite a la Up24 hacer un seguimiento de tu actividad física y enviar los datos a un smartphone. Te puede despertar por la mañana con una delicada vibración cuando detecta que estás en una fase de sueño poco profundo. No tiene pantalla, unos pocos LED actúan como indicadores visuales sencillos y una aplicación de smartphone hace todo lo demás.

La pulsera está diseñada con la esperanza de que la lleves puesta casi todo el tiempo, que sólo te la quites para cargar la batería y para nadar. Y esto dice mucho sobre la importancia que están adquiriendo Jawbone y su principal rival, Fitbit. Muy pocas empresas más han conseguido que la gente se coloque -y ya no se quite- aparatos electrónicos en el cuerpo. Y acertar con la tecnología no es un asunto trivial: Nike, cuya Fuelband es la tercera pulsera más vendida del mercado, está repensando su estrategia y probablemente despida a varias personas del equipo que hay detrás del producto.

«Hay que pensar en un millón de cosas», afirma el cofundador y director ejecutivo de Jawbone, Hosain Rahman. «¿Cómo de grande será la batería? ¿Cómo consigues que la tecnología sea lo suficientemente pequeña como para que acabe por desaparecer y puedas colocártela en la muñeca y sea muy, muy fácil de integrar? Y a continuación, después de resolver todo eso, tienes que hacer que resulte atractivo».

El desafío actual, tanto para Jawbone como para sus rivales, será aprovechar su situación privilegiada en la muñeca de la gente, quizá convirtiendo a estas pulseras diseñadas para registrar la actividad física en medios para controlar otros dispositivos.

Los comienzos

Jawbone empezó en 1999 como una empresa de software llamada Aliph, fundada por Rahman y Alexander Asseily, quienes se habían conocido estudiando en la Universidad de Stanford (EEUU). Su plan inicial era crear algo que ahora conocemos como la ayudante virtual de Apple, Siri. Pero Rahman y Asseily renunciaron cuando se dieron cuenta de que su sistema de reconocimiento de voz no sería lo suficientemente bueno debido a problemas para eliminar el ruido de fondo.

Así que la empresa se centró en desarrollar algoritmos para procesar señales digitales que sirvieran para cancelar el ruido de fondo. En 2004 Aliph introdujo su tecnología en un manos libres para teléfono que se llevaba puesto en la cabeza. Como el dispositivo se posaba sobre la cara y conducía el sonido a través de los huesos, se llamó Jawbone (mandíbula, en inglés). Aliph cambió de nombre a Jawbone en 2010.

Ahora mismo los dispositivos Bluetooth que se llevan puestos se consideran raros y poco elegantes, y su reputación era aún peor cuando surgió Jawbone. Así que la empresa se centró en el diseño para poder destacar y además pedir un precio elevado. El diseñador Yves Behar, que diseñó el primer aparato para la cabeza de Jawbone a través de su empresa de diseño Fuseproject y se unió a Aliph como director creativo en 2007, ha creado toda una serie de productos reconocidos por su elegancia y superficies con textura. Pero hasta 2010 se limitaban a dispositivos para llevar puestos en la cabeza, cuando Jawbone empezó a ampliar su mercado poco a poco: primero con la introducción del altavoz inalámbrico Jambox y en 2011 con la primera versión de la Up.

Ciencia de los datos

La idea que hay detrás de las distintas pulseras para registrar la actividad física es, en líneas generales, recoger una gran cantidad de información sobre tus patrones de sueño y de actividad que de otra manera no podrías conocer o reunir en un mismo lugar. Más allá del diseño, puede que la diferencia clave entre las pulseras sea el software que las hace útiles. En el caso de Jawbone, la aplicación para smartphone que acompaña a la Up24 incita a la gente a mejorar su estado físico y bienestar. Por ejemplo, anima a los usuarios a lograr pequeños objetivos individuales que empiezan con la frase «Hoy haré» y les pide que se comprometan a hacer cosas como beber ocho vasos de agua o acostarse antes de las 10 de la noche.

El encargado del software de Jawbone, Jeremiah Robison, intenta descubrir formas mejores de animar a la gente. El día de Acción de Gracias pasado, un día en el que la gente es menos activa de lo habitual, Jawbone hizo una prueba con dos grupos de personas que llevan sus pulseras: dejó a uno de los grupos en paz, y manipuló educadamente al otro a través de la aplicación del smartphone recordándole su objetivo diario de ejercicio. Robison explica que quienes recibieron el desafío registraron un 40% más de pasos que el grupo al que se dejó en paz.

Y los ejecutivos de Jawbone creen que los dispositivos portables pueden asumir un papel aún más personal. Podrían servir como una especie de mando a distancia para el cada vez mayor número de dispositivos conectados a internet, desde tu aire acondicionado hasta tu coche. Algo que ya se puede ver en la Up24. Puedes configurarla por ejemplo para que funcione con el servicio en línea IFTTT (siglas en inglés de «si se da esto, entonces aquello») para que las luces o la calefacción de tu casa no se enciendan hasta que la pulsera no haya detectado que te has despertado.

Rahman espera que, con el tiempo, los distintos dispositivos del internet de las cosas puedan responder a tus necesidades basándose en los datos proporcionados por las pulseras de seguimiento. Explica que ahora mismo tu termostato no tiene ni idea de si tienes frío o calor, y mucho menos aún si tienes calor porque has salido a correr y pronto te enfriarás, o si es porque estamos en medio de una ola de calor que hace que sea necesario mantener encendido el aire acondicionado. La visión de Rahman es que el dispositivo que llevas puesto proporcione ese contexto a los dispositivos que te rodean, dándote una razón más para no quitártelo nunca.

Fuente: Technology Review

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