BREVES

Las «Techno Victim»


Todos sabemos que la moda es un fenómeno socio-cultural que tiene consecuencias directas en el consumo: estar al día de las tendencias exige visitar las tiendas de ropa y calzado con bastante frecuencia y gastarse un dinero en ello que si cabe puede ser una parte muy importante de nuestro presupuesto. Por ello quienes más están al día en la moda, quienes son capaces de lucir lo último de los diseñadores más prestigiosos son las clases económicamente más pudientes. Entre ellos se encuentran quienes reciben el calificativo de «Fashion Victim», título que muchos y muchas ostentan de forma orgullosa en las portadas de las revistas y en los reportajes de la televisión. Lucen con orgullo las prendas exclusivas que muy pocos se pueden permitir, prendas que probablemente usarán una o dos veces si cabe, y que acabarán en tiendas que les darán salida para que otros u otras disfruten de lo que deslumbró la temporada pasada.

Algo parecido esta ocurriendo en un campo que, aparentemente, no tiene nada que ver: La tecnología de consumo. A día de hoy, productos tales como teléfonos móviles, reproductores MP3, ordenadores o televisiones evolucionan tan rápido que por el espacio de meses ofrecen nuevos modelos, más novedosos por igual o menos precio y que atraen sin remedio a quienes pretenden estar a la última, provocando que vuelvan a comprar sin que hayamos aprovechado el que ya teníamos. Además, medios como Internet han propiciado que se conozcan las últimas novedades antes de que salgan al mercado, creando necesidades a tiempo para que los estrategas de mercado realicen sus campañas. También los periódicos invaden la atención de los lectores con ofertas de estos productos a precios muy competitivos. Se ha creado con ello un caldo de cultivo para que, los que tengan oportunidad, compren estos productos al mismo ritmo que adquieren prendas de moda, llegando a ser de la misma manera obsesos de las últimas tendencias, ser unas «Techno-Victim».

Quizá el ejemplo más claro es el de la telefonía móvil. Una innumerable cantidad de modelos y de precios, que ofrecen además diversas variantes de diseño y estética, tientan al consumidor a mejorar su terminal mucho antes de que ésta finalice su vida útil. Las propias compañías avisan al usuario del tiempo que llevan sin comprar un nuevo modelo, aunque siga funcionando. Ni siquiera habremos sacado partido al 100% de sus prestaciones. Lo realmente importante es cambiarlo cada año o cada dos años, de acuerdo a las últimas novedades del mercado.

Hay otro caso a destacar. Las cámaras de fotos, un artículo en otros tiempos «para toda la vida» son ahora artículos muy vulnerables a la novedad. Cuando en el mundo de la fotografía aún dominaban los carretes, cuyos formatos han permanecido intactos durante décadas, No era extraño que una cámara de más de veinte años pudiera competir en calidad de resultados con los últimos modelos, ya que la óptica era prácticamente el factor decisivo. Ahora la situación ha cambiado, y el factor MP es un punto que anima a renovar el equipo fotográfico, casi sin necesidad. Incluso hay quienes, sin necesitar grandes cámaras, como son las réflex digitales, las adquieren y no llegan a aprovecharlas ni en un diez por ciento de su capacidad. Lo curioso es que pasado un tiempo, acabarán sustituyéndola por otra más nueva. Al hilo de la cuestión, es curioso pensar que, cuando en la fotografía amateur no había entrado el mundo digital, muy pocos aficionados invertían una cantidad de 600 o hasta 1000 euros en una cámara de fotos. Algo que en la actualidad no es extraño. Algo que también obliga a disponer de un ordenador en condiciones para que pueda tratar las imágenes con cierta soltura.

Incluso en muchas ocasiones lo que nos mueve es simplemente el precio. Por pocos euros, cada vez menos, se puede adquirir un dispositivo pen drive con una capacidad de memoria que muchas veces supera nuestras necesidades. Además, las tentadoras ofertas han provocado que tengamos un cajón lleno de estos dispositivos antiguos que han pasado de los humildes 128 MB hasta los actuales 8 GB.

Esta es, la de acumular productos, una de las consecuencias. Similar al que tras adquirir un sinfín de prendas y que al final acaban en el ropero, es que los productos obsoletos tienen un final similar. Claro que existen formas de darles salida como eBay, pero en ocasiones la oportunidad de una venta no ventajosa hace desistir de ello. El fondo de armario de las «Techno-Victim» está lleno de móviles de primera generación, pantallas CRT y unidades centrales de proceso Pentium II. Finalmente, éstas acabarán, muchas de ellas en perfecto funcionamiento, en el centro de reciclado, y finalmente renacer como materia prima de otros flamantes modelos.

Muy pocos escapan a la tentación. La comodidad y ventajas que aportan a nuestra vida nos impiden apartar la vista ante tal avalancha comercial. Todos somos algo «Techno-Victim». El mayor o menor grado depende, al igual que con la moda, del nivel adquisitivo. Luego está, igualmente, la propia conciencia del uso de esta tecnología. Gracias a ella hemos hecho que nuestra vida sea más fácil. Lo importante es evitar que se vuelva en nuestra contra.

 

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Fuente: Alfonso Martín

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