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Las plantas térmicas Saskatchewan y Mississippi producirán menos emisiones y capturarán carbón


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Están a punto de terminarse dos de las primeras centrales eléctricas de carbón con un sistema integrado de captura de carbono en Saskatchewan (Canadá) y Mississippi (EEUU), una de las pocas buenas noticias para una tecnología que lleva varios años languideciendo.

La tecnología de secuestro y captura de carbono (CAC) sigue siendo cara, pero el coste de estabilizar el clima podría ser mucho mayor sin ella, según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, de sus siglas en inglés) (ver «La captura de carbono puede reducir a la mitad el precio de frenar el cambio climático»). En un informe emitido el mes pasado, el IPCC señalaba que la CAC es la única forma de reducir las emisiones de carbono de las centrales existentes, y que las plantas equipadas con esta tecnología y que queman biomasa podrían ayudar incluso a eliminar CO2 de la atmósfera. El IPCC afirma que ambas estrategias podrían ser fundamentales para limitar el calentamiento global.

Una central de 110 megavatios en Saskatchewan, un generador de carbón remodelado volverá a funcionar dentro de un par de semanas tras añadírsele la tecnología de captura de carbono, según el director ejecutivo de la eléctrica provincial SaskPower, Robert Watson.

Según la legislación canadiense, la central hidroeléctrica Boundary Dam no puede emitir más de 420 toneladas de dióxido de carbono por megavatio hora generado, lo mismo que una central de gas natural de vanguardia. Es mucho pedir, dado que la central térmica quema lignito, la forma más sucia de carbón. Pero SaskPower espera emitir apenas 150 toneladas de dióxido de carbono al día gracias a su nuevo limpiador de CO2, que absorberá y capturará hasta el 90% del carbono de las emisiones de la planta.

SaskPower se ha podido permitir invertir 1,2 millones de dólares (unos 865.000 euros) en la central, en parte porque el lignito es muy barato, pero también porque Boundary Dam está junto a una mina de este material. Los ingresos extra vendrán de bombear la mayoría de las 3.000 toneladas de dióxido de carbono capturadas por la central a diario a Cenovus, una empresa petrolífera y de gas canadiense. El dióxido de carbono sobrante se almacenará en un acuífero a 3,5 kilómetros por debajo de la central.

«Si no pudieran vender el CO2 para la extracción de petróleo, el proyecto no tendría sentido económico», afirma el experto en secuestro de carbono e investigador sénior de la Iniciativa por la Energía del Instituto Tecnológico de Massachusetts (EEUU), Howard Herzog.

El director ejecutivo de SaskPower, Robert Watson, afirma que el coste de la energía producida por Boundary Dam será «comparable» a la generación mediante gas natural siempre que se mantenga el aumento reciente de los precios del gas natural. Y espera que la tendencia de este sea al alza durante los próximos 30 años o más en los que operará Boundary Dam.

La otra central de carbón con captura de carbono está en Kemper, Mississippi y empezará a funcionar en la segunda mitad de este año. Su propietaria, la eléctrica Mississippi Power, depende de estrategias parecidas para minimizar los costes de operación. La planta también está junto a una mina de lignito y aumentará los ingresos vendiendo su dióxido de carbono a los operadores petrolíferos. Además, el proyecto ha recibido 270 millones de dólares del Departamento de Energía de Estados Unidos (unos 195 millones de euros).

Sin embargo, al producir 565 megavatios, la central de Mississippi es cinco veces mayor que la de Saskatchewan y usa una tecnología menos convencional. También ha sido mucho más polémica que el proyecto de Boundary Dam porque gasifica su carbón y porque los costes de construcción van a superar el presupuesto inicial de Mississippi Power de 2.400 millones (unos 1.730 millones de euros) por más del doble.

La central de Mississippi usa un gasificador patentado diseñado por Southern Company y la firma de ingeniería con sede en Houston KBR, para convertir el lignito en una mezcla de dióxido de carbono e hidrógeno. Estas empresas han vendido licencias para usar este diseño en China (ver «Limpiando el carbón sucio»). Otro componente novedoso es que el sistema de captura de dióxido de carbono de la planta eliminará el 65% del CO2 de su mezcla de gas antes de encender las turbinas. El dióxido de carbono se capturará al mismo tiempo que la planta captura el dióxido de azufre, usando el mismo solvente utilizado en las centrales térmicas de carbón convencionales para retirar este último.

A pesar de la polémica, a los expertos no les preocupa demasiado que el presupuesto se haya duplicado. «El coste de una central que es la primera de su clase siempre será mayor que el coste de tu planta número n», afirma la socia senior del Instituto de Recursos Mundiales en Washington, D.C., Sarah Forbes.

Herzog está de acuerdo: «La central de Kemper es la primera de su especie. Hay muchísimos costes de avanzadilla y la gente suele subestimar este tipo de costes por mucho. Para cuando haces la sexta, ya consigues importantes reducciones en los costes».

Watson sostiene que un segundo proyecto del mismo tipo que Boundary Dam costaría de un 20% a un 30% menos. Pero que SaskPower u otras centrales lleguen a tener la oportunidad de construir más centrales con captura de carbono puede tener más que ver con la política que con otra cosa, según Herzog. «Si se permite liberar CO2 a la atmósfera como se permite hoy, no se harán», afirma.

Fuente: Technology Review

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