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Estudios recientes aumentan las expectativas de que haya vida en la luna joviana Europa


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Cada dos años se suele lanzar una misión a Marte para analizar, entre otras cosas, las condiciones para la vida que este planeta quizás tuvo en el pasado. Recientemente se ha publicado un resultado obtenido por Curiosity según el cual hubo un lago de agua líquida en un punto de Marte en un remoto pasado. Sin embargo, no se han encontrado todavía pruebas de que haya existido vida en el pasado o en el presente sobre dicho planeta. Puede que lo mejor sea mirar a otros objetos del Sistema Solar que parecen presentar mejores condiciones, como Europa.
Independientemente de que apareciera o no vida en Marte, lo que sí sabemos es que rocas procedentes de este planeta han impactado sobre la Tierra, de las que disponemos de más de 100 ejemplares.
En el pasado los planetas del Sistemas Solar eran bombardeados por los escombros de su propia formación. Algunos de los cometas y asteroides eran lo suficientemente grandes como para levantar rocas de la zona de impacto y proyectarlas hacia el espacio exterior en sitios como Marte o la Tierra. La mayoría de esas rocas caían de nuevo sobre el planeta de procedencia, pero otras podían escapar de su pozo gravitatorio y caer sobre otros cuerpos.
Se estima que en miles de millones de años la Luna ha sido recubierta de residuos terrestre mediante este procedimient. Residuos que se habrían ido acumulando sobre su superficie casi sin alterar y conservado gracias a la ausencia de tectónica y erosión. Por tanto, habría fósiles de vida terrestre de hace miles de millones de años que algún día se podrían estudiar. Es un buen motivo para volver a la Luna a hacer ciencia.
Lo increíble es que parece que sea posible que puedan viajar microorganismos vivos mediante este sistema de un lado a otro del Sistema Solar, sembrando vida si las condiciones del lugar en la que caen son propicias. Por eso se ha propuesto que la vida en la Tierra se pudo originar en Marte o que la vida terrestre pudo arraigar en Marte. Pero la obsesión que tiene la humanidad con Marte en este asunto no se ve avalada por las pruebas empíricas. No se han encontrado pruebas de vida marciana pasada o presente, pese a lo obvia que es la vida una vez arraiga. La realidad es que en Marte no hay vida, pese a nuestros deseos.
Además de servir para sembrar otros cuerpos, este mecanismo puede servir para resembrar la vida después de que grandes impactos esterilizaran la Tierra durante el gran bombardeo hace más de 3800 millones de años.
Pero Marte no es el único sitio interesante sobre el que puede pasar algo así. Europa, una de las grandes lunas de Júpiter, o incluso Encelado, en Saturno, parecen reunir condiciones para la existencia de agua líquida en su subsuelo. Quizás la litopanspermia consiguió que en esos lugares floreciera la vida.
Rachel Worth (Pennsylvania State University) y sus colaboradores ha realizado simulaciones sobre este asunto. En concreto han visto qué cantidad de rocas procedentes de la Tierra han podido caer sobre otros cuerpos del sistema solar. Según sus cálculos, en los 3500 millones de años que se sabe que ha habido vida en la Tierra se han eyectado desde la Tierra al espacio exterior 200 millones de rocas lo suficientemente grandes como para proteger vida en su interior. De Marte habrían sido 800 millones debido a su baja gravedad.
De ellos, 83.000 rocas de origen terrestre y 320.000 de origen marciano habrían viajado hasta Júpiter y 14.000 y 20.000 hasta Saturno. Algunas de esas rocas podrían haber caído sobre sus lunas. Así por ejemplo, en Europa podrían haber caído de 1 a 10 de esas rocas procedentes de la Tierra.
Si alguna vez se financia una misión para analizar la posible vida en Europa habrá que tener en cuenta este factor. Si se descubriera vida allí entonces habría que analizar si su bioquímica es similar a la terrestre. Si es así eso significaría la existencia de un solo génesis y que la vida viajó de la Tierra a ese lugar. Si fuera distinta sería fabuloso, pues eso indicaría la existencia de un segundo génesis en nuestro sistema.
De todos modos, estos investigadores dicen que la probabilidad de este tipo de transferencia hacia esas lunas es muy baja y que no es seguro que los microorganismos sobrevivieran al viaje y a los impactos. Tampoco está claro que estás rocas cargadas con vida pudieran alcanzar el interior acuoso de estos cuerpos, pues la corteza de hielo se ha estimado en un grosor muy elevado. Sin embargo, las fotos que la misión Galileo tomó de Europa indican que hay zonas de fractura en donde parece que el agua líquida alcanzó la superficie y se solidificó. Quizás alguno de esos meteoritos cayó en uno de esos lugares.
Pero todavía no sabemos bien la cantidad de agua líquida que hay en esta luna joviana, ni a qué profundidad se encuentra esta.

En esta misión quizás nos ayuden los últimos datos tomados por Hubble. Este telescopio espacial ha detectado chorros de vapor de agua procedentes de Europa en un espectro tomado en el ultravioleta. De momento, los investigadores no están seguros de que este vapor proceda de chorros de agua procedentes del subsuelo, aunque esta parece ser la explicación más lógica. Si es así y esos chorros están conectados el océano interior de Europa sería posible analizar dichos chorros y/o sus sedimentos para saber las condiciones de ese mar interior sin necesidad de taladrar miles de metros (o kilómetros) de hielo. Incluso saber si hay vida en Europa sería mucho más fácil.
La misión Cassini ya detectó en 2005 unos chorros similares en Encelado compuestos de agua y polvo. Sin embargo, en este caso sólo se ha detectado vapor de agua. Obviamente, el uso del Hubble para este tipo de observaciones es más complicado que tener una misión orbitando Europa y se han empujado las capacidades de este telescopio para poder realizar estas observaciones. La gravedad en Europa es más intensa que en Encelado así que en el segundo los chorros de vapor se pueden elevar más sobre la superficie y ser detectados más fácilmente. Se ha estimado que el vapor detectado en Europa no parece haber estado sobre Europa más de siete horas.
Puede que incluso la señal registrada se haya dado gracias al impacto de un meteorito casual. O puede que el bombardeo de radiación por parte del campo magnético de Júpiter evapore agua de la superficie de Europa.
Se ha sugerido que las grietas en forma de líneas que se observan en la superficie de esta luna actúan como ventilaciones por donde escapa vapor de agua al exterior de manera similar a lo que pasa en Encelado.
Como se ha observado cierta variabilidad (en las pocas observaciones realizadas) según la posición orbital, puede que las grietas experimenten cierto estrés debido a las fuerzas de marea, haciendo que se abran o cierren y dejen pasar más o menos vapor.
Hace falta confirmar esta observación de nuevo para poder corroborarlo. Si se confirma aumentarían las expectativas de que haya condiciones para la vida en el subsuelo de Europa. Puede que incluso haya vida, quizás sembrada desde la Tierra.

Si alguna roca procedente de la Tierra sembró la vida hace miles de millones de años en Europa puede que la bioquímica sea la misma que la terrestre, pero su historia evolutiva tiene que haber sido totalmente diferente. Sería algo así como un experimento a escala planetaria sobre qué pasaría si se rebobina la historia evolutiva y se comienza en otras condiciones. De todos modos habría que aclarar cómo la Termodinámica puede mantener ese sistema, pues la luz solar estaría ausente y habría que buscar otro tipo de gradiente térmico.
Aunque sería fabuloso descubrir algo así, será imposible si no lo investigamos y no mandamos misiones a Europa.
Si al final tampoco hay vida en Europa, pero sí condiciones para la misma, quizás deberíamos plantearnos sembrar esa luna con microbios terrestre a propósito. Sería un experimento a una escala jamás concebida, pero muy fácil de realizar.

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Fuente: Neofronteras.com

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