CIENCIA

Entendiendo el cáncer


En 1869, el médico australiano Thomas Ashworth colocó bajo el microscopio la sangre de una mujer que había muerto de cáncer de mama. Observándola detectó «células idénticas a las del propio cáncer».

Propuso que estas células grandes y anómalas presentes en la sangre podrían explicar las metástasis que se habían dado por todo su cuerpo, que eran más de 30. Probablemente las células cancerígenas se movían a través del sistema circulatorio, creando esa erupción de tumores.

En un nuevo artículo publicado en la revista Science, investigadores del Hospital General de Massachusetts (EEUU) afirman que después de atrapar estas «células tumorales en circulación» de la sangre de pacientes con cáncer, han podido seguir cultivándolas en el laboratorio y probado medicamentos para combatirlas.

Este trabajo es un «estudio de prueba de concepto importantísimo» que demuestra cómo algún día los investigadores podrían llevar a cabo estudios personalizados sobre las propias células tumorales de los pacientes, según la experta en cáncer de la Universidad de Stanford (EEUU), Stefanie Jeffrey.

Las células tumorales circulantes son extremadamente raras. Suponen una de cada mil millones de células en la sangre de un paciente. Sin embargo, estos investigadores han podido extraer células tumorales de seis pacientes con cáncer de mama avanzado y cultivarlas, mantenerlas vivas multiplicándose. Fueron científicos de la Universidad de Baylor (EEUU) quienes demostraron por primera vez el año pasado que se podía cultivar las células tumorales de la sangre, pero los científicos de Boston (EEUU) han conseguido además colocar las células en micro tubos -cada uno alberga unas 200 células- y probar si un medicamento o una combinación de varios eran capaces de acabar con ellas.

El oncólogo del Hospital General de Massachusetts que ha dirigido el estudio, Daniel Haber, afirma que este método podría servir para resolver situaciones habituales en la práctica clínica, cuando sus pacientes dejan de responder a un tratamiento inicial. Decidir con qué fármaco seguir suele ser más una adivinanza que una ciencia. «Tienes que saber qué estás tratando», afirma Haber.

A lo largo de la última década se han hecho enormes esfuerzos por crear dispositivos capaces de capturar las células cancerígenas en la sangre, entre ellos tecnologías como «nano Velcro», cribadores magnéticos y sencillos filtros de papel. El dispositivo del hospital de Massachusetts, denominado CTC-iChip, se ha creado a lo largo de los últimos tres años en el laboratorio del ingeniero Mehmet Toner y se considera uno de los más avanzados que existen.

En el laboratorio de Toner, probetas de sangre colocadas en el instrumento se mecen de un lado a otro, dejando caer gotas de fluido a través de una serie de microcanales que retiran las células normales de la sangre. En una media hora todo lo que queda es una bolsita de plástico que contiene una pequeña cantidad de células cancerígenas raras. La empresa Johnson & Johnson ha pagado el desarrollo del dispositivo, financiándolo con 30 millones de dólares (unos 22 millones de euros).

Johnson & Johnson ya vende un sistema llamado Cellsearch capaz de contar las células tumorales en la sangre. Pero ese dispositivo, aprobado por la Agencia Estadounidense del Medicamento en 2004, no ha resultado demasiado útil a los médicos. La cantidad de células tumorales presentes en la sangre de un paciente predice sus posibilidades de supervivencia, pero no ayuda a los médicos a saber cómo tratarlo.

Hay médicos que tampoco están convencidos de que una prueba personalizada de las células tumorales sirva de ayuda. Uno de los problemas es que es muy difícil, al equipo del Hospital General de Massachusetts le costó meses cultivar células de los pacientes. Es demasiado tiempo para que sea útil a la hora de escoger un tratamiento; hay pacientes que no llegan a sobrevivir ese tiempo. «Es caro y se tardan varios meses. No creo que tenga futuro en el cuidado de los pacientes», afirma el especialista en oncología del Hospital Universitario Jefferson en Philadelphia (EEUU), Massimo Cristofanilli.

Jeffrey de Stanford añade que aún no está claro si las células cancerígenas de la sangre son realmente las mismas que contiene el tumor, lo que implica que no se sabe si los tumores y las células responderán de la misma forma a los tratamientos farmacológicos.

Sin embargo puede que la tecnología tenga mayor importancia para estudiar cómo se producen las metástasis. Siguiendo la hipótesis de Ashworth del siglo XIX, las células cancerígenas tienen que difundirse por el flujo sanguíneo. Pero aún se sabe muy poco sobre qué hace que una célula metastatice y se filtre a la sangre para establecerse en otro lugar.

«Son células muy raras que circulan un periodo de tiempo muy breve y después desaparecen», explica Haber. Pero «pueden ser responsables de la mayoría de las muertes por cáncer. Esta tecnología te permite ver algo que nunca se había podido ver».

 

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Fuente: Technology Review

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