BREVES

Electrónica flexible para implantes


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Hace décadas que la imaginación popular fantasea con la implantación de microchips en el cuerpo humano. Muchos han sido los autores de obras de ciencia-ficción que han planteado dispositivos capaces de mejorar las capacidades humanas (la trilogía de Matrix es el ejemplo más notorio); al mismo tiempo, parece que la sociedad avance lentamente en esa misma dirección. La electrónica hizo acto de presencia, en primer lugar, en los hogares, después en los bolsillos, y ahora grandes empresas empiezan a competir por el primer puesto en el mercado al alza de la electrónica ponible.

A este ritmo, la siguiente gran tendencia bien podría girar en torno a los implantes electrónicos. Ya en 2002, en Estados Unidos se probó un implante subcutáneo que permitiría acceder con rapidez a datos sanitarios. Esta semana, un equipo de científicos japoneses y estadounidenses ha llevado su ambición un paso más allá creando dispositivos electrónicos que se flexibilizan al implantarse en el interior del organismo.

¿En qué radica la importancia de esa flexibilidad? «Hace ya cierto tiempo que los científicos, y los médicos en particular, vienen tratando de integrar la electrónica en el cuerpo, pero se encuentran con el problema de la rigidez de la electrónica común, que no es compatible con los tejidos biológicos», señala en una declaración Jonathan Reeder, autor principal del trabajo. «Se necesita que el dispositivo sea rígido a temperatura ambiente, para que el cirujano pueda implantarlo, pero suficientemente blando y flexible para envolver objetos tridimensionales, de modo que el cuerpo pueda seguir funcionando exactamente igual que cuando no había implante. Eso puede lograrse colocando la electrónica en polímeros con capacidad de reblandecerse y cambiar de forma».

El dispositivo en cuestión está hecho de polímeros con memoria de forma creados por el Dr. Walter Voit (autor del artículo) y con láminas electrónicas finas y flexibles. Una vez implantado en el organismo, reacciona al cambio de temperatura, se reconforma y se adhiere a tejidos, nervios y vasos sanguíneos. Así, podría mantener informado a un facultativo de cuanto sucede en el interior y ser estimulado con fines terapéuticos.

«En nuestro campo hemos utilizado una técnica nueva con la que, en resumidas cuentas, se laminan y polimerizan dichos compuestos con memoria de forma sobre los transistores», explicó Voit. «En el diseño de nuestro dispositivo, nos estamos acercando al tamaño y la rigidez de estructuras biológicas de precisión, pero aún falta mucho para alcanzar la sorprendente complexidad, funcionalidad y organización de la naturaleza».

Los investigadores realizaron pruebas en las que aplicaron calor para acoplar el dispositivo en torno a un cilindro de tan solo 2,25 mm de diámetro, e implantaron el dispositivo en ratas. Seguidamente observaron que se había adaptado al tejido vivo sin perder sus propiedades electrónicas, todo un hito histórico.

Según Reeder, el paso siguiente de la investigación consiste en menguar los dispositivos para que puedan envolver objetos aún más pequeños e integrar más componentes sensoriales.

Fuente: CORDIS

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