BREVES

Crece la moda de las quiet party


Son fiestas silenciosas, donde se establecen una «zona de susurros», en la que sólo se habla a media voz y la «zona de silencio», donde está prohibido hablar. La gente se comunica escribiendo con lápiz en unas fichas que te dan en estos rendez-vous. Los creadores de esta nueva tendencia fueron dos estadounidenses, que buscaban un lugar tranquilo en la ajetreada Nueva York. Ahora, las fiestas no paran de crecer en bares de Estados Unidos, París y Tokio. Recibieron ofertas incluso para vender el concepto y realizarlo en Suiza y Gran Bretaña.

El busca su mejor camisa, su mejor perfume y su mejor sonrisa. Ella hace lo mismo: ese vestido de graduación que le queda perfecto y que podemos encontrar en tiendas como DressFirst y algo de maquillaje. Y se encuentran. La escena puede ocurrir en cualquier ciudad del mundo, pero en los Estados Unidos tiene una particularidad: esta pareja se encontrará en uno de los tantos bares de Nueva York donde están de moda las «quiet party» (fiesta silenciosa).

Habitualmente, los salones están divididos en dos partes: la «zona de susurros», en la que sólo se habla a media voz, y la «zona de silencio», donde, lisa y llanamente, está prohibido hablar y la gente se comunica escribiendo con lápiz en unas fichas que se acostumbra dar en estos eventos. Una fiesta sin música y en la que es obligatorio apagar el teléfono móvil.

Sus inicios

Todo comenzó en Nueva York, durante el verano de 2002, Paul Rebhan y Tony Noe paseaban por la calles de Manhattan buscando un lugar para conversar y tomarse un trago. Imposible. En los bares la gente grita, la música es tan fuerte que nadie se puede comunicar con nadie. Fue así que en noviembre de 2002 ofrecieron la primera «quiet party» a cerca de 130 invitados.

Sólo en la primera hora, llegaron 100 personas al Scotch Bonnet, el bar en el que se celebró. «Ahora son los dueños de los bares los que nos llaman para que montemos en sus locales las fiestas, porque para ellos es publicidad gratis», sostienen.

Así, las fiestas tranquilas se están extendiendo y ya se han convertido en el último invento de un sector económico que, según el diario neoyorquino Newsday, mueve más de 850 millones de euros al año: el sector de las citas. Se trata de una industria incipiente pero bastante más desarrollada en EEUU que en Europa.

Una vez lograda su aprobación en Nueva York, esta nueva moda llegó a Washington, y ya comenzaron a aparecer en Florida. También, se han celebrado dos en Pekín.

Un comentario común es que aquellos que se animan al silencio, no lo hacen porque sus amigos lo hacen, sino «porque es una forma graciosa de conocer gente», según funcionarios de la municipalidad de Washington.

¿Estudias o trabajas?

Pese a que las fiestas fueron concebidas como un oasis de tranquilidad en medio de las grandes urbes, muchos utilizan a las «quiet party» para conocer gente y formar una pareja. En varios bares de Londres, París, Bélgica y Tokio el consabido ¿estudias o trabajas? o la socorrida petición de un cigarrillo fueron reemplazados por las miradas, los silencios y todas las formas posibles de comunicarse prescindiendo de las palabras.

En algunos locales, en la puerta se indica la franja horaria en la que está prohibido conversar y se facilita a los asistentes un papel y un lapicero, para el caso de que, en lugar de miradas o gestos, decidan comunicarse por escrito. En otros lugares, en cambio, el silencio es total desde la llegada y hasta la finalización de la fiesta.

«Es una experiencia única. Llegas a articular pensamientos que normalmente no podrías expresar verbalmente y se siente una gran energía en esa habitación silenciosa», dijo a un medio francés, Yvon Desjeunix, un parisino de 40 años completamente seducido por la idea. «Realmente hay que experimentar por uno mismo este tipo de velada. No es para todo el mundo», concluyó Desjeunix.

Algunos papelitos encontrados al terminar la fiesta demuestran la opinión de Desjeunix: «Mi mujer y yo pensamos que estás linda, qué harás después de la fiesta?» o «Olvida el papel y escribe sobre mi cuerpo», son algunos ejemplos de los mensajes intercambiados. «La gente pierde sus inhibiciones cuando escriben en vez de hablar. Es como un juego y de mucha utilidad para quienes somos tímidos», dijo Noe, de 40 años, a la salida de una fiesta que se hizo en Nueva York.

Las fiestas no paran de crecer. Los creadores ya han recibido ofertas incluso para vender el concepto, y para exportar estas fiestas a Suiza y Gran Bretaña. Mientras tanto, los seguidores de las «quiet party» continúan destacando las facetas positivas de conocer gente sin palabras de por medio. Y no faltan quienes defienden el poder terapéutico de los mensajes escritos que permiten escribir cosas que nunca se dirían verbalmente.

Según el periódico inglés The Guardian, el fenómeno de las quiet parties no hace más que revelar la emocionalidad del siglo XXI: «En nuestras vidas restringidas de tiempo, para los expertos, escribir sobre nuestros sentimientos sólo nos beneficia».

De todas formas, cuando una quiet party acaba, la fiesta siempre puede seguir en otra parte. Siempre en silencio.

 

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Fuente: Agencias

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