La técnica consiste en llamar telefónicamente a la víctima, haciéndose pasar por un representante del departamento de seguridad de la compañía que gestiona la tarjeta, con el pretexto de que se está investigando una supuesta estafa. El falso representante, pregunta al usuario sobre alguna posible compra reciente por un valor de aproximadamente 500 dólares con su tarjeta.
or medio de una hábil ingeniería social, el verdadero timador, que es quien está en el otro extremo de la línea telefónica, envuelve a su víctima con un elaborado discurso, donde le hace ver que conoce todos los detalles de su tarjeta de crédito, incluido nombre, número de la tarjeta, e incluso su domicilio.
Se supone que estos datos han sido obtenidos de alguna otra manera también delictiva. Como resultado final del envolvente discurso, el timador logra que la víctima revele los tres números de seguridad impresos en el reverso de la tarjeta.
Después de esto, los delincuentes se aprovechan de la información obtenida telefónicamente, realizando con esos datos, compras por valores que no superan la cantidad mencionada antes.
Cuando la víctima recibe el estado de la cuenta de su tarjeta, y descubre el gasto de los 500 dólares, existen muy pocas probabilidades de que avise de inmediato a la compañía, porque seguramente pensará que la misma ya lo sabe, y que recibirá luego la devolución prometida, como le informaron en la llamada telefónica.
Del mismo modo que hemos advertido sobre los famosos engaños de sitios falsos que piden a los desprevenidos usuarios ingresar datos críticos de sus tarjetas, debemos insistir en la importancia de no revelar esta información, de ningún otro modo que sea diferente de los habituales, y mucho menos a un desconocido vía telefónica.
Estas técnicas, o similares, podrían aplicarse en cualquier país.
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