La tecnología de los sistemas de identificación biométricos (basados en características personales, como el iris, la cara o las huellas dactilares) existe desde hace tiempo y ha sido usada en lugares donde la seguridad debe ser la máxima. Pero, a raíz de los sucesos del 11-S y la creciente paranoia de seguridad a toda costa, ha sufrido una expansión su uso.
n USA ya es habitual que en aeropuertos se usen cámaras con identificación facial de los pasajeros. Y una normativa establece que a partir del próximo mes de enero, se usará identificación biométrica en los accesos al país de extranjeros. Así, los pasaportes americanos incluirán un chip con datos biométricos. Los países cuyos ciudadanos no necesitan visado para entrar, como es el caso de la UE, Japón y Australia, incorporarán en breve la misma tecnología. Los ciudadanos de los países que necesiten visado dejarán estos datos al obtener el mismo.
Esta generalización de los sensores biométricos también llevará a un abaratamiento de los mismos y a su inclusión en cada vez más servicios. No hace mucho, la empresa de petróleos portuguesa GALP anunciaba que iba a instalar en sus estaciones de servicio sensores de huella digital que permitirían pagar directamente a sus clientes.
El problema también se encuentra en si no está clara que la instalación de estos sistemas de identidad-verificación son rentables, debido al costo para su introducción en los sistemas de seguridad.
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