Motivos tan nobles como facilitar la exploración de la Luna y otros planetas que nos rodean, o menos nobles, como fabricar una nueva generación de vehículos de guerra no tripulados, hacen que exista mucho interés en conseguir aparatos capaces de desplazarse de forma autónoma por terrenos accidentados. No se trata de crear hacer vehículos teledirigidos, sino otros que consigan desplazarse campo a través de un punto a otro de forma autónoma sin necesidad de ser dirigidos por el hombre.
Los vehículos aéreos lo han conseguido, un misil crucero por ejemplo, es capaz de ir con su mortífera carga, desde su lanzadera al blanco que se le ordene, con un error de escasas decenas de metros, después de recorrer cientos de kilómetros, volando siempre a baja altura para dificultar ser detectados, corrigiendo sobre la marcha los errores de trayectoria que provoquen las corrientes de aire y los diferentes obstáculos que puedan aparecer en su trayectoria. Por contra, los vehículos terrestres no consiguen similar resultado.
Una carrera para estimular el ingenio
Todos los años se celebra una prueba dotada de un premio de un millón de dólares, para los vehículos no tripulados que sean capaces de atravesar 240 kilómetros de desierto. Algo que un hombre realiza sin problemas en pocas horas en un 4x4, no solo resultó insuperable a los participantes del último concurso, sino que hubo que finalizar la carrera antes de los diez kilómetros al volcar en un terraplén, el último vehículo superviviente de los que comenzaron la carrera.
La robótica ha avanzado más que la inteligencia artificial
Detectar de forma automática un obstáculo en la ruta o encontrar la mejor forma de rodear un talud o un peñasco, ha resultado ser sumamente complejo, pese al ingenio derrochado en los vehículos presentados. Las evoluciones de los robot en las cadenas de montaje o las exhibiciones de robot humanoides en feria tecnológicas nos hacen olvidar que falta aun mucho para dotar a estos equipos de la inteligencia artificial que les permita su propio desplazamiento en terreno abierto.
El sistema necesario pasa por dotarlos de una buena visión tridimensional que detecte las dificultades que se encuentren en la ruta y crear un sistema de toma de decisiones acertadas para rodear los obstáculos detectados. Si bien se ha avanzado mucho en el área de la visión artificial, falta mejorar aún la forma de decidir tomar una ruta alternativa cuando surge un obstáculo. De un vistazo, un piloto humano estudia las dificultades que presenta un camino, estudia las alternativas y selecciona la ruta que le acerca a la meta por el camino más sencillo de atravesar, mientras que la vez, conduce el vehículo para que avance con seguridad por el camino elegido. Este proceder resulta aún muy difícil de simular con dispositivos automáticos.
Un concurso abierto a todos
La fama y un millón de dólares esperan a cualquiera que sea capaz de construir el ingenio, no importa como sea, un triciclo, un camión, un vehículo oruga o una plataforma con múltiples patas, capaz de atravesar 240 kilómetros de desierto. ¿Le apetece participar?, aquí conseguirá el reglamento para la siguiente convocatoria.
Que bueno noticias como esta que hacen que nos pongamos pie a tierra y no nos creamos en el olocausto de nuestro avance tecnologico, cuando , a mi parecer , estamos mas cerca del descubrimiento del fuego que de lo que nos espera en tan solo....pongamos 300 años.
Animo a todos las grandes personas que investigan he investigan y muchomas animo para todas aquellas personas que hacen esto mismo pero con afan de mejorarse a si mismas y a la humanidad.
VA , ESO ESTA CHUPAO . YA TENGO EL PROTOTIPO .ESO SI TIENE UN PEQUEÑO DEFECTO TARDARIA EN HACER EL RECORRIDO 10 HORAS .PARA CONTACTAR CONMIGO ESCRIBIR A:
Juanma_685@hotmail.com