BREVES

Ambientes de aprendizaje (I)


El proyecto de investigación que desarrollé durante mi formación Doctoral, me permitió validar empíricamente una Metodología que diseñé para la enseñanza de la historia en educación básica, bajo el encuadre teórico del Constructivismo. Una vez concluido ese proyecto, ejercí la docencia en el nivel de educación superior, en asignaturas tan diversas como “Desarrollo de Habilidades Universitarias”, “Prospectiva e Innovación Profesional”, “Análisis y Producción de textos expositivos”, “Análisis y Producción de Textos Argumentativos”, “Análisis y Producción de Textos Narrativos”.

 

Contexto:

Al principio, empecé a planear mis clases con la misma metodología que diseñé para la enseñanza de la historia, pero al término del primer bimestre, me di cuenta de que a veces se torna muy difícil conseguir la imagen adecuada para el tema a desarrollar, pero además, el primer momento de la metodología consiste en “Centrar la Atención” no en mostrar una imagen, la imagen es simplemente un recurso para lograr ese propósito, por lo que opté por sustituir la imagen por otros recursos como el planteamiento de un dilema, una frase célebre, un oximorón, un chiste, un video breve, etc., poniendo mucha atención en el propósito didáctico de ese primer momento: centrar la atención de los/as alumnos/as en el tema a desarrollar. En el transcurso del segundo bimestre me di cuenta que a pesar de la diversidad de recursos para producir el primer momento de la metodología constructivista, los resultados no cambiaban, y en ocasiones, era tan intenso el enganche al tema, que después de varias clases, los/as alumnos/as lo seguían comentando.

La Clase:

Voy a relatar una de esas clases, por ser la más significativa en mi experiencia docente, en virtud de las circunstancias en las que sucedió.

Cuando llegué al salón, el grupo estaba en una crisis emocional muy difícil. El profesor de la clase que me antecedía, les había aplicado un examen sorpresa, y en él les planteaba preguntas sobre contenidos que no habían visto en clase, pero lo que desbordó su indignación, fue el hecho de que las 2 únicas personas que lo aprobaron, fueron las que tenían el rendimiento promedio más bajo, en todo el transcurso de la carrera. Ese grupo está formado por gente adulta, que haciendo un gran esfuerzo por cumplir con las exigencias académicas de la carrera (Licenciatura en Educación Media, con especialidad en Enseñanza del Español), se esmeran por aprovechar de la mejor manera su tiempo, por lo que este tipo de circunstancias, les produce una gran frustración y desánimo, de tal suerte que cuando llegué, me encontré con un panorama desastroso: algunos/as muy furiosos/as, otros/as llorando, otros/as más, tristes y deprimidos; sólo una emoción era común: el odio hacia ese profesor. Se quejaban de que es muy autoritario, aburrido, irresponsable y antipedagógico. Ante tal desastre, les dije: “les voy a contar un chiste para que se relajen y descarguen toda esa adrenalina, en una cascada de carcajadas…” La palabra “chiste” funcionó como “varita mágica” sobre el estado de ánimo de mis estudiantes, enseguida cambiaron sus expresiones de enojo por una leve sonrisa expectante. Desde luego que el chiste ya lo llevaba preparado como Centración de la Atención para desarrollar el tema de “Habilidades Comunicativas”, de tal forma que me dispuse a contárselos. El chiste trata sobre la relación amorosa-sexual entre una pareja de pajaritos. Se cuenta con ademanes y silbidos, y juega con el sentido de los mensajes contrapuestos: la inocencia y la ternura que representan simbólicamente los pajaritos, con la connotación social de perversión sexual, manifestada en la masturbación masculina y con la connotación sexual del pájaro con el pene, de tal forma que toda esa combinación de mensajes simbólicos, produce en su desenlace, una explosión de carcajadas. Acto seguido les pregunto ¿cuál es el tema que tenemos programado para hoy?, abren sus libretas, lo buscan, y todavía entre risas, me dicen: “Habilidades Comunicativas…”, bien, y ¿cuál creen que es la primera forma de comunicación que usa el ser humano? En lluvia de ideas voy anotando en el pizarrón todo lo que mencionan: “la risa”, “el llanto”, “los gestos”, “el balbuceo”, “la compresión auditiva”, etc. Luego le pido a cualquier alumno/a que se imagine que es un turista japonés y tiene hambre, entonces que les pregunte en japonés a sus compañeros dónde hay un restaurante. Se me quedan viendo desconcertados y el elegido para el ejercicio me dice: “pero yo no sé japonés…”. Le pregunto: “y si supieras, ¿crees que alguien te entendería? Se les queda viendo y me dice: “no, no creo…”. Pues entonces haz como que hablas en japonés y diles que tienes mucha hambre, que necesitas ir a un restaurante a comer. Entonces surge inmediatamente, de manera natural el lenguaje no verbal, mediante la mímica, como un recurso comunicativo: a base de señas corporales se da a entender; luego le pido a la persona que eligió como interlocutora, que le responda (desde luego que en español). Ésta también recurre a la mímica, señalando con el brazo estirado, la dirección hacia donde debe caminar, señalando en los mosaicos del piso, las cuadras y las direcciones que debe tomar para llegar, como si se tratara de un mapa. Después les pregunto: “si se tratara de una situación real ¿le hubieran entendido?” Contestan a coro: “Siiiii…” y al supuesto japonés le pregunto: “y tú ¿hubieras entendido?” Responde que sí, oral y corporalmente, moviendo la cabeza hacia adelante y hacia atrás, en señal afirmativa. “Pasa lo mismo con los bebés ¿no creen? Nosotros les hablamos y ellos nos escuchan, pero no nos entienden, por lo que tenemos que ir asociando una seña corporal a cada sonido para que el bebé pueda ir decodificando cada palabra. Luego, cuando el bebé empieza a hablar ¿qué hace cuando no le entendemos? Ciertamente repite oralmente lo que nos dijo, pero acompaña su expresión oral con todos los gestos corporales a su alcance, para hacerse entender, entonces, regresando a la pregunta inicial ¿cuál es la primera habilidad comunicativa del ser humano?” Se quedan viendo el pizarrón y dicen: “los gestos”. “Efectivamente (encierro en el pizarrón la palabra “gestos” con un óvalo y pongo a su lado un signo de igual =), pero como Habilidad Comunicativa, le llamamos Mímica, y escribo “MÍMICA” enseguida del signo =, ¿cuáles son las otras habilidades comunicativas? Nuevamente en lluvia de ideas voy escribiendo en el pizarrón lo que me responden: “el oído”, “la escucha”, “la comprensión auditiva”, “la voz”, “el habla”, “el lenguaje”, “la expresión oral”, “la lectura”, “la comprensión lectora”, “la escritura”, “la redacción”, “la expresión escrita”. Acto seguido, les pido que se numeren del 1 al 5 y que se agrupen por número: los número 1 son el equipo 1, van a leer el texto “X” y a responder las siguientes preguntas: ¿los gestos son una expresión de la mímica? ¿la mímica es un lenguaje? ¿es lo mismo mímica que lenguaje no verbal? ¿si tuvieras que elaborar una taxonomía de las Habilidades Comunicativas, en qué lugar pondrías a la mímica y por qué? Al equipo 2 le pido que lea el texto “X1” y que responda las siguientes preguntas: ¿es lo mismo oído que escucha? ¿si no, en qué difieren? ¿es lo mismo oír que escuchar, si no, en qué difieren? ¿qué significa la comprensión auditiva? ¿si tuvieras que elaborar una taxonomía de las Habilidades Comunicativas, en qué lugar pondrías la comprensión auditiva y por qué? Al equipo 3 le pido que lea el texto “X2” y responda las siguientes preguntas: ¿qué relación existe entre la voz, el habla y la lengua? ¿cómo defines la expresión oral? ¿si tuvieras que elaborar una taxonomía de las Habilidades Comunicativas, en qué lugar pondrías la expresión oral y por qué? Al equipo 4 le pido que lea el texto “X3” y responda las siguientes preguntas: ¿qué diferencia hay entre decodificar las grafías de un texto y leer? ¿qué significa el término analfabetismo funcional? ¿si tuvieras que elaborar una taxonomía de las Habilidades Comunicativas, en qué lugar pondrías la comprensión lectora y por qué? Y al equipo 5 le pido que lea el texto “X4” y responda las siguientes preguntas: ¿es lo mismo escribir que redactar? ¿la estructura del lenguaje oral es igual a la del lenguaje escrito, si no, en qué difieren? ¿cuántos libros has leído y cuántos has escrito? ¿si tuvieras que elaborar una taxonomía de las Habilidades Comunicativas, en qué lugar pondrías la expresión redactora y por qué? Les doy 30 minutos para que realicen esta actividad, pero estoy al pendiente de su avance, de tal forma que en cuanto concluyen, iniciamos una sesión plenaria para escuchar las respuestas a las preguntas. Cuando el equipo termina de exponer sus respuestas, le pregunto a los demás equipos si están de acuerdo con ellos/as y centro la polémica en el lugar que ubicaron la habilidad que analizaron, en la estructura taxonómica, analizamos los argumentos a favor y en contra hasta definir de manera condensada su lugar correcto. Repetimos esta mecánica de trabajo con todos los equipos y concluimos la sesión con la siguiente reflexión:

Entre lo que siento y lo que pienso, hay un cañón

Entre lo que pienso y lo que digo, hay una barranca

Entre lo que digo y lo que escribo, hay una grieta…

El día que logre tender un puente de ida y vuelta

Entre lo que siento, lo que pienso, lo que digo y lo que escribo,

Habré logrado la coherencia comunicativa.

Finalmente, nos despedimos con el chiste del Piojo, en el que la mímica se coloca también en el lugar del significante simbólico-cultural que desencadena la risa:

A bordo de un autobús, va un grupo escolar con su profesor, a una excursión por el campo. El autobús cae en una barranca y sólo sobreviven al accidente, el profesor y un alumno. El profesor es el primero en librarse de los escombros, revisa entre los despojos en busca de más sobrevivientes y al no encontrar más señales de vida, se dispone a partir, en esos momentos escucha la voz de un alumno gritar: “ayúdeme Piojo…” Lo encuentra y le ayuda a salir, vuelven a revisar y al no encontrar más sobrevivientes, parten en busca de auxilio. En el camino el profesor le pregunta al alumno: ¿Por qué me dijiste Piojo cuando me pediste ayuda?, “es que así le decimos de apodo en el salón…” ¿y por qué me dicen así? Porque le encanta chuparnos la sangre. Pues no quiero que me vuelvas a decir así, ¿entendiste?, ¡Sí! Continúan avanzando y al pasar por un terreno fangoso, el alumno cae en arenas movedizas, por lo que le grita desesperado al profesor: ¡ayúdeme Piojo..! El profesor lo ve hundirse lentamente y le dice con una sonrisa socarrona: “si me sigues diciendo Piojo, te dejo que te hundas… ¡no sea gacho Piojo, ayúdeme…! Cuando el alumno se ha hundido hasta el cuello, el profesor le vuelve a decir: “¡arrepiéntete y pídeme ayuda por mi nombre o te hundes…!”

“¡ayud..drapbruprrrr… Pioobruppprrr…!” Ya hundido, el alumno saca las manos del fango y choca repetidamente las uñas de sus dedos pulgares entre sí, representando con señas la palabra Piojo, y con el puño de la mano derecha lo gira repetidamente hacia adelanta y hacia atrás, enviándole un saludo a su progenitora, con mímica.

Los/as alumnos/as (reales) resignifican el chiste, sustituyendo simbólicamente al profesor del chiste por el profesor que les produjo la crisis emocional, y colocándose cada uno de ellos (también simbólicamente) en el lugar del alumno, firme a sus principios y resistente al castigo, enviando al profesor deshumanizado, al averno.

Mi clase era la última del día, de 12:20 a 14:00 horas. Cuando llegué al salón, estaban tristes, enojados, deprimidos; y cuando terminamos la clase, estaban carcajeándose. Estoy seguro que nunca más olvidarán cuáles son las Habilidades Comunicativas del ser humano y cómo se relacionan entre sí, pero al margen de lo divertida, circunstancial y/o interesante que pudo haber sido esta clase, estamos aquí para analizar la estructura didáctica de una metodología Constructivista, por lo que es menester pasar del texto anecdótico, al texto analítico-interpretativo.

 

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Fuente: Sergio Chapela

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